
«El deber cumplido, la casa tranquila y el día caducando. El tiempo se detuvo para todos, pero no para ti. No aquella lluviosa noche. Tomaste el libro, la espada y un par de raciones para el camino, y te acomodaste en un oscuro y silencioso rincón. Tenías mundos que salvar, monstruos que derrotar y un mapa por explorar. Mañana el cansancio te pasaría factura, ¡pero vive Dios, que aquella noche te cobrarías una gran aventura!...
